Un símbolo de alegría, fuerza y estatus

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Aquel 4 de octubre de 2023, saliendo de una reunión de locutores quedé cual estafermo, al divisar una familia alegre; y así comienza…

Había una vez una familia de la etnia indígena Guarao que vivía en las orillas del río Manamo, en Tucupita, estado Delta Amacuro.

Uno de los jóvenes de la familia, el cuál tenía no más de 20 años, y que trabajaba descargando sacos de alimentos desde camiones para varios negocios, al fin dejó de procrastinar y con un buen pago de su esfuerzo en semanas, pudo comprar un sonido portátil (corneta).

Un pequeño y modesto dispositivo que permitía sintonizar la radio y reproducir música desde un pendrive o memoria. Para ellos, esta corneta representaba mucho más que eso: era un símbolo de superación, y un logro que alegraría cada festejo.

Con gran ilusión, la familia se reunió y caminó con dirección a un comercio asiático; iban descalzos siguiendo su costumbre cultural. Los abuelos del joven, con un precepto de validez inmarcesible encabezaban la marcha, seguidos por la madre, quien llevaba a un infante en sus brazos, una núbil hermana y varios hermanitos que correteaban alegremente alrededor. El padre cerraba la fila con una sonrisa orgullosa en su rostro.

Finalmente, llegaron al comercio y entraron con determinación. Todos observaron atentamente cómo el joven pagó el precio de la corneta que medía unos 40 centímetros. A simple vista, no era una radio bocina grande ni lujosa, pero para ellos representaba un éxito y la manifestación de su fuerza y estatus.

Al salir del comercio con pisadas fuertes y ropa desgastada, -jerapellina- pero con sus corazones llenos de alegría, la familia se abrazó y compartió risas emocionadas. Sabían que esa corneta sería su nueva compañera en los días y noches futuros.

Fue un momento emotivo en las orillas del río Orinoco, donde tenían un techo improvisado con un plástico negro sostenido por dos árboles robustos. El suelo de arena y la cocina improvisada con tres piedras, además de madera para encender fuego, completaban el escenario. La familia se reunió allí para tener una vista más cercana de la corneta. Los ojos del joven brillaban de emoción mientras sacaba la bocina y la encendía. La madre se sentó a su lado mientras el hermanito se quedaba dormido en sus piernas.

Lo cierto, es que sus corazones volaban libres como aves, se escuchaban comentarios con mucho sabrimiento, llevando consigo la realización de un sueño: «La corneta». Y ahora, la pasión del «Agua de Jamaica», que acompañaría las músicas durante noches de baile.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

@demysmartinez

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