Cuando en la universidad de California en 1969 estudiantes, entre garaje y aulas intentaban comunicarse por ordinarias computadoras con pequeños mensajes, creando la internet, no tenían la mínima idea que casi 60 años después, con ese invento, se conocería más cercana, pero de manera estrambótica a Tucupita, capital de Delta Amacuro a través del 2.0, con una loca pasión viral entre Adriana y Oscar en una historia de desencuentros por aquello que somos monte y culebra.
Empero, este 7 de junio de 2024 el nombre de Tucupita volvió a retumbar en el mundo entero como tambor selvático anunciando la guerra sin cuartel por venir. Y llegó el lobo, no el Lobo Estepario de Hermann Hesse, sino María Corina la nueva adalid de la oposición, se bañó de pueblo, del pueblo de a pie que rompió las cadenas que lo ataban al compromiso: «que no me vean». Pero aquí también se encontraban Diosdado y Delcy, caminando con miles de deltanos las céntricas calles de Tucupita, con la garganta en ristre se arengaba a los Guaraos y Jotaraos revolucionarios sobre la necesidad de defender la soberanía de la Guayana Esequiba de los imperios que buscan apoderarse de nuestros minerales a través de compañías que rememoran a la Guipuzcoana de la otrora «madre patria»; siempre en la égida de la zanahoria y el garrote.
Agitadas respiraciones, ríos de sudor, la anécdota, el grito certero del ya está aquí, la reverencia de los militares ante la dama de hierro, los orgullosos y creídos «jefes desde hoy» los «donde te vas a meter», las amenazas, presiones y detenciones. El rugir de las motos el ulular de las sirenas emergentes, un ruido salido de un dron, que en picada vertiginosa hace tomas y ridiculiza cifras, hasta los gritos que se ahogan por el cansancio de las cuerdas vocales. Todo un compendio de desenfreno, de batalla campal buscando el favor del votante, el atractivo de las promesas y el más nunca volverán.
Al expirar el día 7, vuelve la calma a la ciudad pueblo, Tucupita se sumerge en su letargo invernal y sus asombrosas noches parecen un calco de realismo mágico, atrás quedó el grito y la promesa.
Con una luz titilando, por gotas que interrumpían el fluido eléctrico, se asoma una silueta fantasmal a la tosca ventana: comadre vió ese gentío, la gente se revolvió como loca, ay comadre, eso fue más bulla que cabuya.
CPM,r



